La sencillez que seremos
Haiku I
Después de Todo...

Hoy no escribo historias. Hoy sólo dejo el silencio.
El Resplandor del Parque

Instante al Recuerdo
un segundo,
aquel instante
para pensar
y reflexionar,
sobre todo aquello
que me deja pensando,
sobre todo aquello
que me causa emoción,
sobre el mundo
sobre tí
sobre ellos
sobre la lista sinfin.
Continuo prometiendome,
ignorando las circunstancias
en las que nos envolvemos
y tomamos el veneno
de la copa plateada de vino
hasta terminar con los labios morados.
Por ello es que me agarro
del dulce recuerdo
sin pesadillas ni dudas
sonriendole al horizonte
para pensar
para escuchar
para reir
para lograr.
Continuo aceptando el tiempo
y las ondas difusas en los ojos
vidriosos y llevados
por el camino de la selva
inconclusa y plural del mundo
con existencias cercanas al alma.
Simplemente dejo el momento
incrustado en la memoria
infinita de peces
infinita de gritos
infinita de vidas
infinita de destellos de luces
infinita de tí.
Fooled by Realm

Restos de Guerra
La playa, sucia y plateada, poseía grandes cantidades de objetos metálicos y añicos de buques; la tormenta había azotado intensamente unas cuantas frias noches anteriores. Una leve llovizna cayó sobre la bailarina mientras danzaba y recibía cumplidos de todos los seres marinos cercanos. Enamorada de sus emociones, ella seguía moviéndose como un disco sinfín; que siga danzando, no pares el tiempo, no detengas los pies. La mañana aún tenía una atmósfera sombría, siempre recordando a todos los cuerpos marchando hacia sus propias muertes, ingenuos defensores de la paz. Balas perdidas en el suspenso de la dulce playa, esta tierra muerta que ahora recobraba vida con cada zapateo. Bombas de venganza danzaban con ella, de un corazón ya vació, asesinado por su mente inocente. Sus pequeños pies bailaban al ritmo de tambores de guerra, explosiones e himnos de desesperación. Amelia gritaba de euforia, no podía parar, éxtasis en todo su cuerpo, ganas de volar, donde la verdad es mentira y el mundo está más cuerdo. Cada sonrisa aumentaba su ritmo, saltos de alegría realizaba sobre sus espectadores ermitaños.
Las olas explotaban sobre su escenario, como pólvora, dejando un suave rocío color plateado. Mandaba besos al aire, sonrisas al vació. Entonces reconoció a su madre corriendo hacia ella, con la boca abierta de gritos, parecía llena de energía, gritando frenética. Ella sabía que le había encantado el baile a su madre, mientras corría hacia ella. Con cada paso aumentaba la velocidad, no quería perderse el gran final. Amelia bailó más rápido y con un rostro más radiante cuando vio a su mamá corriendo como nunca hacia ella. La diminuta bailarina entonces reconoció la cara de angustia de su mamá, aterrorizada del inevitable porvenir. Entonces se escuchó un gran estruendo, un enorme sonido de destrucción proveniente justo del escenario de la bailarina del mar, acompañado por un temblor. Una lluvia de arena se elevó hacia los aires, una explosión, de dolor e ingenuidad, de ojos hacia atrás, de mirlos voladores, domando el cielo. Cuando terminó el acto algunos lanzaron rosas blancas, otros margaritas, hacia el pequeño cofre, de negro, de un beso, de un viejo, de un clero, con un par de zapatillas rosadas que nunca más se volvieron a mover.
Alas en Sombras
- Ya lo has notado? - pregunta Vieru desconcertado, fijando su mirado a los colosales rascacielos, mientras toca la punta de éstos.
- Qué quieres decir? - responde el ángel a su derecha.
- De cómo todo se destruye bajo nuestras alas. La gloria de éste lugar está tan corrupta y maldita como nuestras alas. - Dice Vieru con un tono frio, congelando la atmósfera de los dos.
- Pues, la verdad siempre lo trato de ignorar, se me hes más facil si tan sólo pienso que sigue siendo el paraíso que todos abajo añoran.
- No te duele vivir en la mentira de éste lugar hecho escombros? Ya ni nos ponen cuidado, vivimos tan rutinarios que la sociedad de los mortales se hace más variada y emocionante - Luego piensa, bate las alas por unos segundos y siente el aire bajo las plumas impermeables. Aún así no logra crearse ni un gesto de satisfacción ya que hasta la brisa carece de sentimiento.
- La soledad es dolorosa y la falta de fé también, sin embargo me obligo a pensar en lo mejor. - Responde el ángel mientras Vieru se mueve de un lado al otro, impaciente.
- Mis alas están desgastadas y manchadas, para serte honesto éste lugar está un asco. Hace años que me cansé de vivir aquí. - Los puntos moviendose en las bastas metropolis de concreto carecen de alma, pero pueden decidirse, viven. El anochecer se acercaba tan rápido como el latido del centro de la Tierra. Aquellos rayos reflejados en las estatuas de acero, mostraban lo bello del lugar, pero las pobres alas de los ángeles se mantenian cabizbajo y conteniendo la respiración; de vez en cuando uno se deja caer desde las nubes, para sentir su muerte nuevamente.
Mientras Llueve
por primera vez en el año
las gotas de la lluvia
sobre mi cuerpo
enfriando el instante
cautivando el recuerdo
recogiendo la sonrisa
de cada gota estallada
sobre las figuras
del siempre claro cielo.
Las nubes agradecen
al alma impertinente
que llora con sus gotas
que clama cada aire
que ama su estación.
Mira, querida, arriba
mientras está lloviendo
claro contra el vidrio,
ríe antes de que vuelva
la fogosa neblina
y el estallido del cartón.
Around the World
hide the biggest secrets
in their roots
the greatest mazes.
The light stream bursts into our eyes
shining brightly in the dark,
dark and clear blossom
of the instant, passing by our side.
The throat is never interrumped
with each scream of joy
of satisfaction of this world
of these seeks of the world.
The saphired sky
runs into the souls
waits for the second
of the treasures in the eye.
Around the lives of the world
races are run by soldiered souls
some more peacefuly
turn them into something beautiful.
Canas Rojas

Lo siento por el tama;o de la letra, mi blog parece estar caprichoso...
La ventana al final del corredor miró al mirador de la montaña, no muy alta ni lejana, con un solo ojo de picardía. Las aves escondidas en aquel árbol fosforescentemente bello, vislumbrando el horizonte nubloso de mares perdidos. En aquella casa, de largas generaciones, lloraban las hormigas por culpa de la lluvia inocente. Unas cuantas esquinas accidentadas de cemento quebradizo eran los bordes de la avenida, por donde se acercaban sus fieles amos.
En la distancia el aire se sentía más suave y esponjoso sobre los finos rostros de la pareja, ya mayor, corriendo las largas fibras de pelo sedoso de su esposa. El carro color negro convertible de modelo reliquia se movía relativamente rápido con el apretón frecuente del zapato de Francisco. Sus canas, como las de Margaret, brillaban eternamente con los rayos del sol omnipotente, rigiendo sus reinos en lo alto del universo. Una sonrisa era la respuesta de su esposa, no necesitaba decir más, sabía que su alma andaba en quietud y no habría nada que pudiera evitar su claro amor. Él como caballero que siempre ha sido, la devolvió con una caricia en la mejilla.
Las millas disminuían velozmente, pero los dos viejos no podían evitarse, de vez en cuando Margaret lo miraba de reojo coqueto. Luego posaba su mirada sobre la montaña colosal. Las aves revoloteaban de vez en cuando en el cielo, su cielo. La trascendental casa se asomaba en el fondo de las roturas del barro por donde el carro se desplazaba. La puerta desdichada por el abandono poco frecuente sollozaba de a poco bajo el regazo del muro marrón de la pared. Mientras los arbustos posaban ante el flash de la cámara proveniente del ojo del sol, las cortinas dibujaban al par de viejos enamorados más atrás del gran árbol. Sus hojas recobraban sus pixeles al pasar de las dos cabezas plateadas sonriendo de la vida más allá del sueño.
La tranquilidad que transmitía los ojos verdosos del cuerpo de vestido violeta era más allá de sublime, por otro lado, los azules bajo el sombrero negro de Francisco poseían confianza. El abismo donde habían construido la casa, hace ya once generaciones, parecía menos peligroso con la estadía de Francisco y Margaret. Los Buendía, de apellido sonoro, podrían estar celosos de ellos en su vista lejana y exiliada de la civilización. Al detener el carro, los labios rojos se movieron nuevamente junto a su perfecto maquillaje, abrió la puerta suavemente y estiró sus finas, aunque ahora arrugadas, piernas. Francisco sólo volvió a sonreír, sacó el llavero de toda la vida y se dejó consumir por la puerta de su eterno hogar de sueños, con su amada a su lado.
El carro negro, se encontraba en la ciudad destrozado, con un par de canas manchadas de rojo.
Cargas Ligeras
Perpendicular
en un espejo sin fondo,
sin fin ni mundo,
sin huellas de unos suaves labios.
Alguna vez has pensado
en lo que no sucedió
y quedaste atrapada
en un adiós cualquiera.
Alguna vez te has escuchado
mientras cantas en la ducha,
o con tu aguda voz,
cantando hacia el vacío.
Alguna vez has sentido lo
que dicen las palabras,
cuando estas en la lejanía,
sabiendo que nadie te encontrará.
Aunque todos sabemos que te has quedado
escuchando aquella melodía melancólica,
pensando en el ayer,
mirando en lo que fue,
sintiendo lo que siempre te hará falta.
Calla Mano, Calla
Con razón el agua de la pisina se siente tan calida cada vez que me hundo, y me dejo ir al fondo, pensando...
La Simplicidad de la Suerte
hasta que súbitamente se detengan,
y ya todos sabremos
que no quedaran en tu cuadro.
Pues el color rojo nunca les agradó mucho,
y las palabras dulces le resbalan,
con las otras miradas,
que definitivamente no vienen de un cuento de hadas.
Si has de alguna vez jugar con dados,
pide a alguien mas que te los sople.
Obsesión Inversa
Y hoy no te veo. Tus miradas desvanecieron. Miro rápidamente atrás y no encuentro tus ojos, ni tu rostro, el cielo anda claro sin ningún pequeño punto volando. El aire está fresco, pero sumamente frio, congelando mis pulmones. No he escuchado tu palpitar en mi cuerpo, ni una sola vez. Tu suave rostro está ausente y tus finos labios callados. Ninguna llamada, ni la más remota posibilidad de un pequeño timbre que suene con ecos en mi cabeza. Te busco evasivamente, corro sin encontrarte, miro atrás, nada, miro arriba, y con solo el aire me encuentro. Me estás poniendo nervioso, me monto en un parapente en el aire, buscandote con unos binoculares pesados y negros. Los edificios me quitan toda visibilidad, y la sombra de los árboles no me dejan pensar. Te veo en cada nube, en cada pájaro. Entonces corro nuevamente, me dirijo a tu casa, está vacia, ningún rastro de tu existencia. Grito tu nombre para que de un eco en cada cuerto de la ahora iluminada ciudad. Leo tu nombre en cada pared, encuentro tu esbelta silueta en cada esquina, oigo voces pero en ninguna la tuya. Ahora no te encuentro y te busco, te prometo que te buscare toda mi vida, pero tan sólo no me digas que aprendí ésto de tí.
