domingo, julio 25, 2010

Danza de Siluetas


La sala parecía una floristería humana, cada cuerpo poseía una silueta distinta. Los sombreros anticuados y antiguos del trío inseparable de viejas destartaladas creaban cierta ambigüedad en los hechos, de por sí ya curiosos. Sentadas con miradas discretas en la esquina estaban las tres sombras con cabezas deformes, acercándose como un compás una con otra, chismoseando sobre el resto. La diminuta mesa enfrente del trío sólo era capaz de sostener tres pequeñas copas de vino blanco; por fortuna nadie se acercaba a dejar el soplido por temor a tumbar la mesita. Rodolfo hacía dos años que no veía a tanta gente conocida reunida y por ello sentía un placer inagotable, un sudor de orgasmo.
Sus arduos años en la guerra, luchando por una razón más bien falsa, le habían recortado su memoria. Pero con todos en aquella sala sentía una unión íntima, casi desmesurada y apurada. Él, extrañamente, tenía una urgencia por besarlos a todos, invitarlos a otra ronda de cerveza helada y seguir echando chistes hasta el fin del mundo. Cada invitado oportuno se iba acercando de vez en cuando a él, ya que Rodolfo perdió sus dos piernas en un encuentro fúnebre cerca de playa con sus supuestos enemigos. La colorida fusión de colores y movimientos provenientes de la pista de baile dejaban un aroma impregnado de risas. Sus tres hijos corrían radiantes salpicando abrazos al aire, adornando la belleza de su segura madre. Sin la necesidad de que alguien se lo dijera, Rodolfo sabía que todos, secretamente, habían venido a verlo. Él era el centro de la reunión, y aunque no pudiera danzar al ritmo de los tambores, su desvelo enamorado marcaba una transición espiritual, de un mundo a otro.
Eran pocos, en la bastedad de la sala, los que no andaban saltando de la emoción, rozándose de goce. Todo para Rodolfo era maravilloso, lejos de la asfixiante humedad y las monótonas noches en la selva. Ni siquiera extrañaba las estrellas, las absurdas cantidades de constelaciones visibles en los topes de los árboles. Según él ya ni las necesitaba, su rigor por pedir deseos de auxilio había acabado. El concreto de las solidas paredes protegía su alma; lo dejaban descansar, disfrutarse nuevamente. Cada mil latidos, porque los contaba, el señor corto y grueso de su derecha cantaba una canción, de su cuerpo transpiraba una dulce melodía. Por fortuna con cada verso cantado, las siluetas se movían como olas multicolores al son de cada onda auditiva.
El ruido sublime de gestos y besos adornaban la desnuda sala, excepto por la cedida mesa de té. Mientras el juego coqueto de brazos y piernas continuaba, Rodolfo, expectante, olvidaba sedientamente toda imagen de balas voladoras, de esperanzas invisibles, de ríos turbios. Quizás lo único que lo devolvía a la extraña realidad era la ausencia de puertas y ventanas. Ignoró éste hecho por simples cuestiones de orgullo y ocurrentes delirios. Sin embargo, la razón obvia a aquella alegre situación, era cómo patéticamente Rodolfo intentaba mecerse de un lado a otro, bailándole al vacio, anhelando lo perdido.

11 comentarios:

DanielPérez dijo...

Sé que no tengo excusa válida a mi ausencia.
Gracias por leerme :)

TORO SALVAJE dijo...

Pobre Rodolfo.
Los ricos necesitan muchos Rodolfos para seguir ganando dinero.
Otra vida rota.

Saludos.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Vidas rotas, que no hay forma ya de componer.


Saludos y un abrazo.

Belén dijo...

Las ausencias en estos medios son normales, no te apures...

El post... cuando se ahondan en temas más crudos como puede ser el ser humano en general, empeiza un viaje muyyyy largo

Besicos

mi nombre es alma dijo...

Siempre le quedará la imaginación.

Coraline dijo...

tu forma de escribir es totalmente increíble :) creo que por unos instantes me he transportado a esa sala de baile...
mua :*!

Mynor d' León dijo...

Esto me gusta!

Thrillerlife dijo...

Excelencia
Saludos!

Anónimo dijo...

Leerte es como leer a Cortázar, Benedetti y a Caicedo, todo en un solo escritor. Es increíble, enserio me gusta mucho. Éxitos.

Sigue escribiendo!

Valery dijo...

Cada vez mejor mi querido!.. Aquí seguimos, como siempre.

Un beso.

Mynor d' León dijo...

Hace mucho que no veía estas páginas, como siempre hay algo oculto detrás de cha historia, ese algo que lo vuelve interesante.

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